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Una reseña de la vida de Theresa Allen


por Carolyn Hittenberger

Una persona con un pasado

Mientras Theresa se preparaba para hacer un examen que la calificaría para sus credenciales ministeriales, seguía preguntándose lo mismo. ¿Puede Dios llamar a una persona con un pasado? Diligentemente ella había estudiado por medio de la Escuela de la Biblia Berea de Global University, para completar los cursos requeridos. Sabía que las credenciales validarían su ministerio. Recibió con agrado el hecho de tener que dar cuenta de sus actividades, pero ¿reconocerían otras personas el llamado en su vida y aceptarían su ministerio?

Quebrantada desde su nacimiento

Su pasado no es un cuadro agradable. Casi desde su nacimiento fue quebrantada. El miedo no era un invitado que fuese bienvenido, pero para la joven Theresa ocurría con frecuencia. En una noche cuando tenía tres años de edad, ella sintió una presencia maligna en su dormitorio. Ella lloró pidiendo a Dios que le ayude. Dios escuchó el llanto de una niña y tomó esa oportunidad para presentarle su amor. Dios envió un “ángel alto y resplandeciente” para que iluminase la noche. Cuando la tocó, el miedo desapareció y durmió en completa paz. Desde ese momento, y de una manera que ningún ser humano puede hacerlo, de alguna forma Theresa sabía que Jesús le amaba. Su padre que era alcohólico, abusaba de manera física y verbal, cómo también a sus hermanas. Cuando su madre ingresó a un centro de salud mental las tres niñas fueron enviadas un hogar de acogida. Después de tres años de abuso físico y sexual en distintos hogares, las niñas volvieron a sus padres. Theresa y sus hermanas asistieron a una iglesia local. Jugo y galletitas era un incentivo poderoso para niñas con hambre. Pero dejaron de asistir cuando se convirtieron en adolescentes. Su padre le enseñó a maldecir, a fumar y beber, habiéndole comprado su primer trago de alcohol a la edad de 15 años.

Buscando amor

Theresa se sentía sola, y buscaba amor en todos los lugares erróneos. A los 17 años conoció y se enamoró de un hombre que la sedujo a tener intimidad antes del matrimonio. Después de saber que estaba embarazada se enteró que el hombre era un adicto a las drogas. Él nunca reconoció y aceptó la responsabilidad de su bebé llamada Samantha.

Después de unos años, Theresa puso su esperanza en otro hombre. Se quedó encantada de la manera que él hablaba. Poco después estaba embarazada con su hijo. Él le ayudó con su hijo Mark, hasta que él fue deportado a México.

En 1996 Theresa conoció a Bashir, un musulmán apenas practicante de Pakistán. Se casaron en un juzgado y poco después fueron a la inmigración para obtener su documento de residencia. Bashir era un alcohólico, infiel en su matrimonio y abusivo. Tuvieron un hijo llamado Abraham. Lo peor de todo ocurrió cuando Theresa se enteró que él era casado y que tenía familia en Pakistán. Desde el principio, el matrimonio fue una farsa. 

Rescatada y restaurada

Theresa pensaba que su prima Sissy era una fanática religiosa. En 1977 la invitó a ir a la iglesia Asamblea de Dios en Oak Creek, Wisconsin. Theresa no podía alejarse de la persistencia de Sissy. Finalmente asistió a la reunión. El mensaje del pastor Jerry Brook le habló a ella y a Samantha de cinco años de edad. Esa mañana, ambas aceptaron a Cristo como Señor y Salvador.

Bashi, aunque no era un musulmán fiel, estaba muy enojado porque Theresa se había convertido a Cristo. Ella afirma: “Cuanto más crecí en Cristo, cuanto más nos distanciamos. Finalmente, después de años de abuso, de pié en la cocina me dijo ‘Elije entre mí y Jesús. Si Jesús es el Hijo de Dios, dile que pague tu alquiler’. Yo escogí a Jesús. Entonces él se fue dejando también a su hijo. Una semana después Dios le habló a una mujer para que me diera $500.00. Aunque fue una decisión difícil, después de 21 meses de separación, Theresa solicitó el divorcio de un matrimonio que en realidad nunca lo fue.

Con el tiempo, Theresa experimentó un sentimiento cada vez mayor del llamado de Dios al ministerio. ¿De qué manera se prepararía? En el 2002 un amigo y mentor le alentó a que estudiase con la Escuela de la Biblia Berea, de Global University, en una clase que ella estaba enseñando en su iglesia. Considerando que no era una escuela de residencia, Theresa no tenía que mudarse o dejar su hogar. De esa manera podía estudiar y cuidar a sus niños. El costo de la escuela también era razonable. Esto era exactamente lo que Theresa estaba buscando. Ella dice: “Esto fue ideal”. No fue fácil. El plan de estudio era un desafío pero Theresa estudió fielmente. Algunos de los cursos que estudió fueron Introducción a la doctrina pentecostal, Evangelismo, La relaciones y la ética en el ministerio, El libro de los Hechos, Liderazgo eficaz, Homilética, La administración de la iglesia, y Ministerio pastoral. Su curso favorito fue La vida de Cristo.

La voluntad de Dios, el camino de Dios

Sola y con tres hijos a su cuidado, Theresa tenía un deseo profundo de un verdadero matrimonio con un hombre que amase a Dios y que amaría a sus hijos. Aún más fuerte era su determinación de servir a Dios. Ella tiene un corazón que anhela ver a personas salvas y restauradas. Su oración fue: “Señor, si nunca me caso, tú eres todo lo que necesito”. Ella dice: “Todo mi deseo por un esposo se lo di a Jesús”. En el tiempo que Dios preparó, Él trajo al Rdo. John Allen, a la vida de Theresa. Él es un esposo y padre cariñoso. Están viviendo el anhelo que Theresa tenía, de un matrimonio y familia feliz.

Llamada y confiada

Mientras esperaba para hacer su examen para las credenciales, Dios le respondió aquella pregunta que se hacía con frecuencia. “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).

De la manera que el temor la había dejado cuando tenía tres años de edad, asimismo pudo enfrentar el examen y el futuro, con la confianza en que Dios le usaría.

Perdonada y perdonando

Theresa tenía tanta amargura hacia Bashir que la sola mención de su nombre la enojaba. Dios le mostró que tenía que perdonar a Bashir, aunque él la engañó, traicionó y abandonó. Le pidió a Dios que le quitara todo el resentimiento.

Recientemente Bashir la llamó para ir a la Corte, solicitando que el apoyo económico para el niño sea reducido. Para sorpresa de él, cuando ella llegó a la corte, no sólo le concedió lo que pidió, sino que también le perdonó varios miles de dólares en apoyo económico sin pagar. Theresa dice: “Le debo a Dios una gran deuda que Cristo pagó por mí, y por lo que perdoné la “pequeña” cuenta que Bashir me debía. ¡Perdonar es algo poderoso!

Una persona con futuro

Habiendo concluido los cursos requeridos para recibir su credencial ministerial, Theresa piensa continuar estudiando para mantenerse actualizada en el ministerio. Ella cree lo que Proverbios 4:7 dice: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Cuando ministra, Theresa aplica lo que aprendió de los estudios con Global University. Ella dice: “Me encanta enseñar a mis niñas en el programa para niñas. Enseñarles los fundamentos del cristianismo también me ayuda a mantenerme fundamentada”. También ministra a los ancianos, testifica en las calles y alienta a la gente por medio de la Palabra de Dios y la oración.

Comentarios finales

“Global University cambió mi corazón y cuando mi corazón cambió, también cambió mi mente. Mi experiencia con Global me hizo crecer en mi amor hacia Dios, hacia las Escrituras y hacia las personas. El estudio ayudó a que la Palabra de Dios se integrase profundamente en mí. Recomendaría Global University a cualquier persona que tenga un llamado de Dios en su vida.  GU le ayudará a crecer en Cristo. Le preparará y le ayudará en el ministerio”.